miércoles, 4 de noviembre de 2009

DESMITIFICACIÓN

Tu memoria me asustaba a veces.

Trataba de llamar. Primero, un contestador. Segundo, el mismo contestador. Desistía.

No estaba bien en mí. Mi yo se detuvo y

brincó


cuando te fuiste


(((Pero vos siempre te estabas yendo y el pasado me pausaba y me acomodaba en un lugar plácido del que me costaba correrme y de repente otra intuición comprobada me revolcaba asquerosamente y el malestar no pasaba ya por lo corroborado sino por el propio sentimiento de ese estar y no, de ese esperar esperando que nada traía ni acercaba, salvo fantasmas.

Me costaba no sentirme fatal y mala, me costaba no sentir que el desamparo me volvía grosera y ordinaria. Me costaba no sentir ganas de romper colchones y quemar alfombras. Me costaba no gritar, no pegar, no vaciar el ropero, la biblioteca. Me costaba no llorar al mirar la casa-pieza sola con la cama que cuando hablaba me horrorizaba. Me costaba desterrarte.

Yo te contaba que tenía miedo.

Normalmente me contenía de escribirte porque pensaba que no aportaba nada bueno, que te preocupaba y que ibas a terminar pensando que estaba locadeatar y entonces me reía cuando descubría que una de las pocas cosas seguras que tenía —que pensé que tenía—, era ese estremecimiento que se gestó en tu decir “aún cuando todos se vayan, yo voy a estar”.


Aquella vez yo te estaba contando que del otro lado de ese tu Amor, yo, estaba sufriendo y que otra intuición comprobada me revolcaba asquerosamente.


Yo te estaba contando que tenía miedo y en ese contar la mujer en mí se re-hizo, se re-fundó —virgen de descuidos— y cuando me cansé de repetir tu nombre y de llorarte entendí que todo lo que te nombraba había perdido sentido.)))


Y mi yo pensó que caía en el abismo…

Sin embargo, cuando te fuiste

Mi yo recién pudo brincar

a esta hermosa cosa real

que llaman vida.

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